El Líbano en pasado era considerado el ejemplo por antonomasia en Oriente Medio de la convivencia armoniosa entre diversos pueblos y grupos religiosos. Las décadas de guerra civil han llevado al país al colapso económico y la parálisis gubernamental.

La tensión sigue siendo alta en el Líbano donde, desde hace unos tres meses, hay una grave crisis social, económica y política: el actual gobierno, de hecho, alcanzado tras dos años de estancamiento político-institucional, es contestado por la población, que ha salido a la calle para protestar contra la corrupción y el alto coste de la vida. Y mientras la mayoría de los habitantes sufren de hambre, la pandemia de coronavirus está agravando gravemente la situación. Es, por lo tanto, en este contexto que surge la declaración del CMI (Consejo Mundial de Iglesias) que, reunido en videoconferencia del 20 al 24 de julio, expresa «gran preocupación y aprensión» por el País de los Cedros.

«El Comité Ejecutivo del CMI -dice la nota- está profundamente alarmado por las crecientes crisis que han afectado al Líbano en las últimas semanas y meses, las numerosas dificultades sociales, económicas y políticas que han surgido y los desafíos relacionados con la soberanía del país». Además, la situación actual es «aún más perjudicial para los grupos ya vulnerables de mujeres, niños, discapacitados, trabajadores migrantes y refugiados».

Recordando, a continuación, la capacidad del Líbano de mantener «durante siglos» su «diversidad étnica, cultural y religiosa», con «un espíritu de pluralismo y convivialidad», el CMI subraya que esta nación, en medio de una región como la de Oriente Medio «desgarrada por guerras, conflictos y ocupaciones», ha seguido siendo «un ejemplo de esperanza y resistencia». Pero ahora este ejemplo «está en peligro». Por consiguiente, el Gobierno de Beirut está llamado a asumir sus responsabilidades para «mantener y reforzar su papel de garante del contrato social, la estabilidad y la seguridad del país, de los derechos públicos y de los derechos humanos de la población».

Al mismo tiempo, el Consejo Mundial de Iglesias dice estar cerca del pueblo libanés y lo alienta a «permanecer unido en la solidaridad común para salir de la crisis actual y no caer en la división y el sectarismo». “Los libaneses, de todos los niveles –políticos, líderes religiosos, civiles y jóvenes– tienen la responsabilidad de aislar al país de las fuerzas políticas y sociales regionales más amplias que conducen a la región a la división y la destrucción”, afirma la declaración del Comité Ejecutivo.

En particular, el órgano ecuménico subraya que “los líderes religiosos de todas las comunidades tienen un papel particularmente importante que desempeñar para guiar a sus fieles, en estos tiempos difíciles, hacia la sabiduría, la justicia, la reconciliación y la unidad”.

La declaración concluye con un llamamiento al ejecutivo libanés para que «actúe con urgencia las reformas estructurales necesarias para garantizar la estabilidad, la unidad y la soberanía del Líbano».

CCJ NOTICIAS

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