San Anselmo de Canterbury fue un monje benedictino del siglo XI; destacado teólogo y filósofo; considerado “padre de la Escolástica” y quien llegó a ocupar la sede del Arzobispo de Canterbury, Inglaterra. San Anselmo de Aosta, como también se le conoce, fue proclamado Doctor de la Iglesia en 1720 por el Papa Clemente XI, gracias a su brillante trabajo intelectual, en los que logró vincular con maestría la fe y la razón, la teología y la filosofía.

Como teólogo se le recuerda por su defensa de la Inmaculada Concepción, y como filósofo por el desarrollo del célebre argumento ontológico para demostrar la existencia de Dios.

Este Santo, que contaba con una piedad y caridad desbordante, puede ser considerado el más grande precursor de Santo Tomás de Aquino, ya que la Iglesia no había tenido un metafísico de su talla probablemente desde la época de San Agustín. Es, además, uno de los autores más leídos y estudiados de todos los tiempos, especialmente entre quienes desean dar razón de su fe.

Nació en el año 1033, en Aosta del Piemonte (Alpes italianos). Su educación fue encargada a los padres benedictinos. Tras la muerte de su madre y a consecuencia de una mala relación con su padre, Anselmo abandonó su casa. En 1060, a la edad de 27, ingresó al monasterio de Bec (Normandía) donde se convirtió en discípulo y gran amigo de Lanfranco, Arzobispo de Canterbury.

Tres años más tarde ocupó el cargo de prior del monasterio, después de que Lanfranco fuera enviado a hacerse cargo de la abadía de los Hombres (Normandía).

Siendo prior de Bec, Anselmo compuso sus dos obras más conocidas, las que sirvieron para integrar la filosofía y la teología: el Monologium (meditaciones sobre las razones de la fe), en el que desarrolla la demostración metafísicas de la existencia de Dios, y el Proslogium (la fe que busca la inteligencia) dedicado a los atributos de Dios que pueden ser conocidos a través de la razón.

Asimismo compuso una serie de tratados en torno a la verdad, la libertad, el origen del mal y el arte de razonar (lógica).

En 1078 el santo fue elegido abad de Bec, lo que lo obligaba a viajar con frecuencia a Inglaterra. Tras la muerte de Lanfranco (1089), Anselmo fue nombrado Arzobispo de Canterbury, el 4 de diciembre de 1093, pese a que en un primer momento el rey Guillermo el Rojo se opuso a su nombramiento. El rey Guillermo había sido muy hostil con los católicos en general, y lo fue de manera particular con Anselmo. En más de una ocasión, dada la influencia del monje, lo desterró de la isla.

En uno de esos destierros, San Anselmo permaneció un tiempo en el monasterio de Campania (Italia) mientras se recuperaba de una enfermedad. Allí terminó su famosa obra “Cur Deus homo”, el más famoso tratado que existe sobre la Encarnación. Después regresaría a Inglaterra pero sería desterrado nuevamente. Con dificultad, después de este segundo destierro, recién pudo establecerse en la Isla de manera permanente.

Falleció el año 1109, rodeado por sus hermanos monjes, en Canterbury. En las horas de su agonía pudo dejar como testimonio estas palabras: «Allí donde están los verdaderos goces celestiales, allí deben estar siempre los deseos de nuestro corazón».

CCJ NOTICIAS.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *