Este lunes 18 de mayo la Iglesia universal celebra el centenario del nacimiento de San Juan Pablo II, el Papa que marcó la historia del siglo XX y de América Latina. Con ese motivo, Monseñor Miguel Cabrejos OFM, Presidente del Episcopado Peruano y Presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), le rinde un homenaje a su persona y a su legado, desde el “Continente de la Esperanza”.

«San Juan Pablo II es una gran figura del siglo XX, a quien la historia reconoce totalmente. También es un personaje del siglo XXI: falleció cuando éste ya había comenzado y su herencia religiosa sigue siendo un punto de referencia. Testigo de la compleja encrucijada polaca, fue protagonista de la escena mundial a lo largo de 27 años. Karol Wojtyla fue una figura decisiva en la historia religiosa contemporánea, pero también un líder que situó a su Iglesia en el centro de la historia». Comienza así el documento con el que el presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano rinde homenaje al Papa San Juan Pablo II, en el centenario de su nacimiento: lo titula «San Juan Pablo II y América Latina, memoria y gratitud a los 100 años de su nacimiento”.

La fe que mueve montañas

Karol Wojtyla representaba – escribe Cabrejos Vidarte – la “fuerza de la esperanza” a los ojos de los cristianos y de sus contemporáneos. No se resignó a la decadencia de la Iglesia y del mundo religioso, convencido de que el cristianismo representaba una fuerza de liberación de los hombres y los pueblos. “’La fe que mueve montañas’ fue el corazón dinámico de un pontificado centrado esencialmente en la comunicación del mensaje del Evangelio a todas las latitudes. Un Papa que trabajó en escenarios globales, a menudo difíciles y confrontados, en los que nunca tuvo miedo de sumergirse. Fue un Papa ‘victorioso’ en la confrontación con el imperio soviético, al que, en los años 70 y 80, los observadores atribuían aún una larga vida».

En sus 27 años de pontificado Juan Pablo II se constituyó en un personaje que marcó la historia del Siglo XX y la historia de la Iglesia universal, así como las relaciones entre la Santa Sede y América Latina. De hecho, Monseñor Cabrejos recuerda al Papa itinerante, y refiere:

A aquellos que, en varias ocasiones, expresaron su perplejidad por la frecuencia con la que el Papa abandonaba Roma, Juan Pablo II respondió que salir de su diócesis era un hecho inherente a la nueva dimensión universal del carisma petrino. Hubo un tiempo en que los fieles iban a visitar al párroco. Ahora es el pastor quien sale en busca de sus ovejas.

El continente de la esperanza

Más adelante en el documento, el también presidente del episcopado peruano habla de la relación especial de Juan Pablo II con el continente latinoamericano, en donde realiza 26 de sus viajes pastorales alrededor del mundo, subrayando que, «en la geopolítica wojtyliana, no sólo existe el rechazo a la división entre Oriente y Occidente, sino también a aquella entre el Norte y el Sur del mundo»:

El Papa “viajero” llama a Sudamérica “el continente de la esperanza”. La primera vez que puso pie allí fue unos meses después de su elección al solio papal en 1979, cuando visitó la República Dominicana, México y las Bahamas. En su “geografía espiritual”, América Latina ejerce sin lugar a duda, como él mismo declaró varias veces, una atracción particular y representa un destinatario privilegiado de su vasto magisterio. Wojtyla comprendió el cambio de los escenarios religiosos que se estaba produciendo al principio de su pontificado. El 42% de los más de mil millones de católicos censados a principios del tercer milenio vive en América Latina.

Una globalización basada en la solidaridad

«Para él», continúa el presidente del Celam, «la cuestión de América Latina no puede abordarse separadamente de la de América del Norte»: «América es una». Y dicha «originalidad geopolítica e su visión», está «codificada en el documento Ecclesia in America,» que representa la síntesis más avanzada del magisterio social del Papa Wojtyla»:

Todo el documento está dedicado a cuestiones sociales: el problema de la deuda externa, la corrupción, el comercio y el consumo de drogas, la perturbación ecológica, el empobrecimiento del continente, la urbanización caótica. El Papa denuncia los pecados sociales y esboza una nueva globalización, basada en la solidaridad, pidiendo a las Iglesias latinoamericanas que se comprometan para que “no haya, en absoluto, marginados”.

Las arriba expuestas son sólo algunas de las líneas que ha ofrecido el presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano, que casi concluyendo el interesante documento, señala cómo todos los discursos del santo están impregnados de lo que, en cierto sentido, fue «la pasión de toda su vida», a saber, «la comunicación del Evangelio«.

CCJ NOTICIAS

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